El pasado sábado había quedado con unos amigos para visitar el remozado Museo Colegio de San Gregorio (antiguo Museo Nacional de Escultura). Teníamos interés por ver el nuevo montaje museográfico y, también, el resultado de las obras de reforma y ampliación del edificio. Al tratarse además de una jornada de puertas abiertas, con lo que nos ahorrábamos algunos eurillos, las razones eran suficientes para que la cita se presentara atractiva.
Pero, ingenuos de nosotros, como no habíamos madrugado (consecuencia de salir los viernes por la noche), al llegar a la Plaza de San Pablo contemplamos resignados la presencia de una gran cola formada por ciudadanos que habían tenido la misma idea que nosotros y que, siendo más previsores, se nos habían adelantado. Ante la expectativa de tener que aguardar durante un largo rato para acceder al Museo decidimos abandonar nuestro propósito y posponer la visita para más adelante.
El caso es que se hacía necesario buscar con urgencia un plan B, porque no resultaba recomendable comenzar a tomar el vermouth tan temprano. En éstas un amigo sugirió que, ya que nos habíamos propuesto pasar una mañana “cultural”, podíamos acercarnos hasta la Sala de Exposiciones de Las Francesas donde se exhibían varias obras de Picasso dedicada a los toros y a
Al llegar a Las Francesas, y antes de acceder a la Sala, llamó mi atención la presencia de un cartel que anunciaba que la iglesia convertida en Sala de Exposiciones había sido sometida a una restauración con los fondos del Fondo Estatal de Inversión Local (el conocido como Plan E). Así pues al interés por ver las obras de Picasso se unió el de contemplar el resultado de la remodelación del edificio. Cabe decir que ni aquellas ni ésta nos defraudaron. Por lo que respecta a esta última, la intervención efectuada por
Una vez fuera de Las Francesas, y puesto que aún disponíamos de tiempo, propuse visitar la muestra que, en la Sala del Museo de Pasión, dedicaban a Eduardo García Benito, un artista vallisoletano muy poco conocido incluso entre quienes somos de esta tierra.
Si Picasso es una apuesta segura que garantiza el disfrute al contemplar sus obras, para todos los que descubrimos las ilustraciones realizadas por García Benito para las revistas Vogue y Vanity Fair entre 1921 y 1940, que constituyen básicamente el contenido de la muestra, la sorpresa fue mayúscula por la calidad de este artista, que ha conseguido, magistralmente, que sus portadas representen un compendio de las principales corrientes pictóricas de aquellas décadas. Indudablemente fue todo un acierto la visita a la Sala del Museo de Pasión. Para quienes no lo hayan hecho aún la muestra de García Benito permanecerá abierta hasta el 1 de noviembre.
Ya degustando un buen Ribera, era hora apropiada para ello, los amigos comentábamos que había sido una mañana bien aprovechada y que, muy de vez en cuando, en esta ciudad aún se pueden disfrutar de algunas cosas más allá de Raphael, Pimpinela o los concursos de tapas.

