"Cosas del Viento" es el título de un poema de Mario Benedetti, de su libro "Testigo de uno mismo". Una de las estrofas del poema dice:
"el viento pasa inexorablemente / mueve las hojas verdes y las secas / y nos abraza cuando estamos quietos / y nos pregunta cuando estamos sordos ".
La Confederación Vallisoletana de Empresarios (CVE) acaba de publicar un documento titulado “Hacia un nuevo Valladolid” (http://www.cve.es/hacia-un-nuevo-valladolid/673). En el mismo se hace un sucinto repaso a la situación de nuestra ciudad y se se sugieren algunas alternativas. Con algunas de éstas no puedo estar de acuerdo; por ejemplo con propuestas relativas al mercado laboral u otras relativas a la energía, espacialmente aquella que no descarta la construcción de una central nuclear en la provincia de Valladolid. Pero debo de reconocer que varias de las medidas que aportan los empresarios vallisoletanos me parecen razonables y por ello, desde mi punto de vista, pueden ser asumidas por una amplia mayoría de la ciudadanía de esta ciudad.
En este sentido, hablan los empresarios de la necesidad de preparar a Valladolid para la llegada del coche eléctrico, de que la ciudad debe crecer de una manera compacta, de que resulta obligada la construcción de un palacio de congresos, de la conveniencia de eliminar la rotonda de San Agustín y de sacar los accesos del aparcamiento subterráneo fuera de la Plaza Mayor, además de la urgencia de potenciar el aeropuerto de Villanubla o de favorecer la rehabilitación de viviendas en los barrios de Valladolid…
A nadie se le escapa que esas propuestas son defendidas también por el Grupo Municipal Socialista en el Ayuntamiento de Valladolid, por lo que no es descabellado plantear la posibilidad de que se produzcan colaboraciones puntuales entre la CVE y los socialistas en temas que sean de interés mutuo. Es más, considero que esa vía debe explorarse porque puede ser muy positiva para el futuro de nuestra ciudad, en la que, cada vez es más evidente, se hace necesario un cambio de rumbo, con otro capitán y otra tripulación que dirija este barco.
Lleva varias semanas actuando León de la Riva cual si se considerara el paladín de Valladolid, atizando verbalmente, con esa exquisita delicadeza que le caracteriza, a todos los que en Castilla y León, según él, perjudican a nuestra ciudad. Así la ha emprendido recientemente contra los ciudadanos de Burgos que se manifestaron a favor de la Unidad de Consejo Genético de Cáncer de esa capital, contra los socialistas a los que exige que metan en cintura a los leonesistas y, en estos días, contra casi todo el resto de la Comunidad Autónoma porque, a lo que parece, no vamos a rascar mucha bola en el reparto de las sedes cuando se produzca la fusión de Caja España y Caja Duero.
No habría mucho que objetar si esa defensa de los intereses de Valladolid fuera honesta, pero mucho me temo que tras esa verborrea reivindicativa de León de Riva tan solo se esconde el propósito de arrogarse el papel de víctima ‑en representación de toda la ciudad‑ mientras persigue focalizar en pretendidos "enemigos” externos algunas de sus más notables debilidades de su gestión como alcalde. Táctica peligrosa y populista esa de buscar en otras provincias la responsabilidad de lo que aquí acontece, porque con ello no sólo se alimentan actitudes similares, e igual de rechazables, contra Valladolid que se difunden desde sectores, afortunadamente minoritarios, de algunas de las provincias vecinas, si no también porque se crea un clima de hostilidad hacia éstas que hasta ahora no existía en Valladolid, más allá del que han tratado de impulsar en vano cuatro hooligan futboleros.
Pero el asunto de fondo radica, como decíamos, en el interés de León de la Riva por intentar tapar su mala gestión de los asuntos de nuestra ciudad, lo que se está manifestando especialmente en este, esperemos, su último mandato al frente del Ayuntamiento de Valladolid. Están pasando de largo demasiados trenes en esta ciudad, de esos que no paran muchas veces, mientras León de la Riva se muestra incapaz de atraer ningún proyecto de interés (Valdechivillas no vale, lo siento). Y clama también en alguna ocasión contra sus amigos de Castilla y León, en lo que no es más que un impostado efecto teatral que no se traduce en la obtención de realidades concretas que contribuyan al desarrollo de esta ciudad. Espero que por ello, y por muchas otras razones, los vallisoletanos le jubilen políticamente en las próximas elecciones municipales, pero mientras tanto procuremos que deje de echar más gasolina al fuego para que no acabemos a gorrazos con nuestros vecinos.