Lleva varias semanas actuando León de la Riva cual si se considerara el paladín de Valladolid, atizando verbalmente, con esa exquisita delicadeza que le caracteriza, a todos los que en Castilla y León, según él, perjudican a nuestra ciudad. Así la ha emprendido recientemente contra los ciudadanos de Burgos que se manifestaron a favor de la Unidad de Consejo Genético de Cáncer de esa capital, contra los socialistas a los que exige que metan en cintura a los leonesistas y, en estos días, contra casi todo el resto de No habría mucho que objetar si esa defensa de los intereses de Valladolid fuera honesta, pero mucho me temo que tras esa verborrea reivindicativa de León de Riva tan solo se esconde el propósito de arrogarse el papel de víctima ‑en representación de toda la ciudad‑ mientras persigue focalizar en pretendidos "enemigos” externos algunas de sus más notables debilidades de su gestión como alcalde. Táctica peligrosa y populista esa de buscar en otras provincias la responsabilidad de lo que aquí acontece, porque con ello no sólo se alimentan actitudes similares, e igual de rechazables, contra Valladolid que se difunden desde sectores, afortunadamente minoritarios, de algunas de las provincias vecinas, si no también porque se crea un clima de hostilidad hacia éstas que hasta ahora no existía en Valladolid, más allá del que han tratado de impulsar en vano cuatro hooligan futboleros.
Pero el asunto de fondo radica, como decíamos, en el interés de León de la Riva por intentar tapar su mala gestión de los asuntos de nuestra ciudad, lo que se está manifestando especialmente en este, esperemos, su último mandato al frente del Ayuntamiento de Valladolid. Están pasando de largo demasiados trenes en esta ciudad, de esos que no paran muchas veces, mientras León de la Riva se muestra incapaz de atraer ningún proyecto de interés (Valdechivillas no vale, lo siento). Y clama también en alguna ocasión contra sus amigos de Castilla y León, en lo que no es más que un impostado efecto teatral que no se traduce en la obtención de realidades concretas que contribuyan al desarrollo de esta ciudad. Espero que por ello, y por muchas otras razones, los vallisoletanos le jubilen políticamente en las próximas elecciones municipales, pero mientras tanto procuremos que deje de echar más gasolina al fuego para que no acabemos a gorrazos con nuestros vecinos.


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