
Un compañero me decía, hace ya algunos meses, que si todos los vallisoletanos tuvieran oportunidad de asistir a un pleno del Ayuntamiento de Valladolid el actual alcalde, Javier León de la Riva, no repetiría en el cargo. Sus modos groseros y dictatoriales de conducir ese solemne acto, sostenía el compañero, provocarían su inmediato rechazo por parte de nuestros conciudadanos.
Quizá mi interlocutor tenía parte de razón, puesto que somos muchos a los que nos produce una gran desazón que ese personaje mal encarado y soberbio sea el regidor de nuestra ciudad. Pero no hay que echar en olvido que las cualidades de don Javier no son desconocidas para los vallisoletanos, quienes hemos tenido la oportunidad de comprobar en numerosas ocasiones sus zafios modales, y ello no ha sido motivo suficiente, a las pruebas me remito, para que las urnas le hayan vuelto
Entre las gracias habituales de don Javier me resulta especialmente hiriente la arrogancia con la que trata en los plenos al Presidente del Grupo Municipal Socialista, Óscar Puente. Aunque afortunadamente, las intervenciones tranquilas, argumentadas y solventes del portavoz socialista, y de sus compañeros de grupo, contrastan notablemente con las del alcalde, quien da la sensación de que cada día madruga para discutir con la figura que se refleja en su espejo.
Es igualmente digno de mención el sosiego con el que los miembros del Grupo Municipal Socialista asisten a los plenos municipales. Tal serenidad no es fácil se mantener, lo que en cierta medida he experimentado por mi mismo: he tenido la oportunidad de seguir el pleno de hoy, 30 de julio, por Internet y durante la retrasmisión no he podido evitar lanzar algún exabrupto. Si ello hubiera ocurrido en la sala de sesiones del Ayuntamiento probablemente hubiera conllevado mi expulsión del acto; acción nada complicada porque, según ha comentado Rut Albillo, en la sesión estaban presentes siete policías para tan sólo quince espectadores.
Pero la vehemencia que uno, que además no es cargo público, se puede permitir en su ámbito privado no debe trascender, en modo alguno, al ámbito público. Por eso me parece acertada la actitud de los concejales socialistas de no entrar al trapo de las provocaciones de León de la Riva, por cuanto lo que persigue, a mi modo de ver, es desvirtuar el debate para que la ciudadanía se quede con la anécdota de la bronca, espacio en el que el alcalde es un consumado maestro, y no con la esencia de las cuestiones que se tratan en el pleno.
El Grupo Municipal Socialista en el Ayuntamiento de Valladolid maneja bien las formas y, lo que no es menos importante, también el fondo, porque frente al gastado proyecto del PP para la ciudad de Valladolid, las propuestas de los socialistas suenan cada vez más definidas y coherentes. Es de desear que todos los que creemos en ellas nos empeñemos en difundirlas para que, en 2001, en la silla de la alcaldía se siente otra persona más amable que don Javier.
Mientras León de la Riva busca la camorra, los socialistas deben dedicarse a explicar sus propuestas a la ciudadanía.
(fotografía: nortecastilla.es)


