jueves, 30 de julio de 2009

De las buenas maneras

Un compañero me decía, hace ya algunos meses, que si todos los vallisoletanos tuvieran oportunidad de asistir a un pleno del Ayuntamiento de Valladolid el actual alcalde, Javier León de la Riva, no repetiría en el cargo. Sus modos groseros y dictatoriales de conducir ese solemne acto, sostenía el compañero, provocarían su inmediato rechazo por parte de nuestros conciudadanos.

Quizá mi interlocutor tenía parte de razón, puesto que somos muchos a los que nos produce una gran desazón que ese personaje mal encarado y soberbio sea el regidor de nuestra ciudad. Pero no hay que echar en olvido que las cualidades de don Javier no son desconocidas para los vallisoletanos, quienes hemos tenido la oportunidad de comprobar en numerosas ocasiones sus zafios modales, y ello no ha sido motivo suficiente, a las pruebas me remito, para que las urnas le hayan vuelto la espalda. Es más, estoy convencido de que León de la Riva cuenta con una auténtica clac, no exigua, que celebra alborozada sus ocurrencias. El machoiberismo (que palabro me acabo de inventar) tiene aún mucho predicamento en nuestra sociedad.

Entre las gracias habituales de don Javier me resulta especialmente hiriente la arrogancia con la que trata en los plenos al Presidente del Grupo Municipal Socialista, Óscar Puente. Aunque afortunadamente, las intervenciones tranquilas, argumentadas y solventes del portavoz socialista, y de sus compañeros de grupo, contrastan notablemente con las del alcalde, quien da la sensación de que cada día madruga para discutir con la figura que se refleja en su espejo.

Es igualmente digno de mención el sosiego con el que los miembros del Grupo Municipal Socialista asisten a los plenos municipales. Tal serenidad no es fácil se mantener, lo que en cierta medida he experimentado por mi mismo: he tenido la oportunidad de seguir el pleno de hoy, 30 de julio, por Internet y durante la retrasmisión no he podido evitar lanzar algún exabrupto. Si ello hubiera ocurrido en la sala de sesiones del Ayuntamiento probablemente hubiera conllevado mi expulsión del acto; acción nada complicada porque, según ha comentado Rut Albillo, en la sesión estaban presentes siete policías para tan sólo quince espectadores.

Pero la vehemencia que uno, que además no es cargo público, se puede permitir en su ámbito privado no debe trascender, en modo alguno, al ámbito público. Por eso me parece acertada la actitud de los concejales socialistas de no entrar al trapo de las provocaciones de León de la Riva, por cuanto lo que persigue, a mi modo de ver, es desvirtuar el debate para que la ciudadanía se quede con la anécdota de la bronca, espacio en el que el alcalde es un consumado maestro, y no con la esencia de las cuestiones que se tratan en el pleno.

El Grupo Municipal Socialista en el Ayuntamiento de Valladolid maneja bien las formas y, lo que no es menos importante, también el fondo, porque frente al gastado proyecto del PP para la ciudad de Valladolid, las propuestas de los socialistas suenan cada vez más definidas y coherentes. Es de desear que todos los que creemos en ellas nos empeñemos en difundirlas para que, en 2001, en la silla de la alcaldía se siente otra persona más amable que don Javier.

Mientras León de la Riva busca la camorra, los socialistas deben dedicarse a explicar sus propuestas a la ciudadanía.

(fotografía: nortecastilla.es)

martes, 28 de julio de 2009

Para comenzar

En éste mi debut en el mundo de los blog he decidido dedicar la primera entrada, que temeridad, a Javier León de la Riva, alcalde, a mi pesar, de esta noble ciudad de Valladolid. Sí, ya se que se trata de un personaje recurrente (mi compañero Pedro Herrero se ha ocupado también de él en su blog hace solo unos días) y que podría dedicarme a escribir sobre otras personas o asuntos más amables, pero no lo puedo evitar, creo que tengo fijación con ese hombre.

Mi relación con León de la Riva viene de muy atrás; yo era por entonces un joven estudiante de Filosofía y Letras un poco rojeras y rebelde (hay cosas que afortunadamente no se curan con la edad) y él todo un señor catedrático de universidad. Lo cierto es que cuando nos conocidos no fuimos presentados, no hizo falta, pero para mí fue un instante inolvidable; en lugar de darnos la mano León prefirió otro tipo de saludo: plantó la suela de su zapato en mi cabeza. Pero es ésta una vieja historia que otro día contaré.

Desde entonces nuestras vidas han seguido caminos distintos –el suyo siempre cercano al poder y el mío el mismo que usa la gente de la calle‑ que se han cruzado en numerosas ocasiones. Ya recién terminados mis estudios y comenzando mi vida laboral tuvimos algún encontronazo, junto a otros compañeros de profesión, cuando nuestro ilustre personaje era consejero de Cultura (no se rían que es verdad) de la Junta de Castilla y León.

Parece que el destino se ha conjurado para que no pueda quitármelo de la cabeza. Y no se trata de una exageración. Pondré para demostrarlo un par de ejemplos de esa obsesión, de los numerosos que podría relatar: se me ocurrió llevar a mis hijos a un colegio público, al García Quintana por más señas (¡que dos alcaldes más diferentes!), y al poco tiempo llenaron la terraza de un edificio próximo de antenas de telefonía con el consentimiento del ayuntamiento presidido por don Javier. Y qué va a hacer uno: pues bronca al canto hasta que conseguimos quitar las antenas, lástima que para algún niño fue ya demasiado tarde. Por otro lado, servidor vive en el casco histórico de Valladolid (sí, los socialistas también podemos vivir en el centro) por eso, entre otras cosas, de utilizar el coche lo menos posible y de poder pasear con tranquilidad entre los monumentos de mi ciudad. Pues a León de la Riva se le antojó construir un aparcamiento subterráneo junto al lugar donde vivo ‑con lo cual se ha generado más tráfico en la zona-. Además, cuando se procedió a excavar el aparcamiento se cargaron, sin más miramientos, unos importantes vestigios arqueológicos. Ésa vez, como casi siempre, me toco perder pero no sin haberme resistido numantinamente.

Como comprenderán estoy hasta más arriba de la coronilla de este personaje y, por ello deseo con todas mis fuerzas que en las próximas elecciones entregue el bastón de mando a Óscar Puente. Para que eso se produzca no regateo esfuerzos: milito en un partido adversario al de don Javier, apoyo las campañas de ecologistas, vecinos e incluso, en mi desesperación, de otros partidos de izquierda con el propósito de que el cambio en el Ayuntamiento se produzca cuanto antes.

Ya se que hay muchas razones para desear que León de la Riva deje la alcaldía (pregunten en el Grupo Municipal Socialista del Ayuntamiento de Valladolid, allí les darán una buena lista), pero yo les voy a proporcionar una más: háganlo por mí, no se si podré soportar a ese hombre por mucho más tiempo (últimamente se me aparece en sueños con ese tremenda barriga que gasta y vestido con el delantal de la Feria de Día).