martes, 28 de julio de 2009

Para comenzar

En éste mi debut en el mundo de los blog he decidido dedicar la primera entrada, que temeridad, a Javier León de la Riva, alcalde, a mi pesar, de esta noble ciudad de Valladolid. Sí, ya se que se trata de un personaje recurrente (mi compañero Pedro Herrero se ha ocupado también de él en su blog hace solo unos días) y que podría dedicarme a escribir sobre otras personas o asuntos más amables, pero no lo puedo evitar, creo que tengo fijación con ese hombre.

Mi relación con León de la Riva viene de muy atrás; yo era por entonces un joven estudiante de Filosofía y Letras un poco rojeras y rebelde (hay cosas que afortunadamente no se curan con la edad) y él todo un señor catedrático de universidad. Lo cierto es que cuando nos conocidos no fuimos presentados, no hizo falta, pero para mí fue un instante inolvidable; en lugar de darnos la mano León prefirió otro tipo de saludo: plantó la suela de su zapato en mi cabeza. Pero es ésta una vieja historia que otro día contaré.

Desde entonces nuestras vidas han seguido caminos distintos –el suyo siempre cercano al poder y el mío el mismo que usa la gente de la calle‑ que se han cruzado en numerosas ocasiones. Ya recién terminados mis estudios y comenzando mi vida laboral tuvimos algún encontronazo, junto a otros compañeros de profesión, cuando nuestro ilustre personaje era consejero de Cultura (no se rían que es verdad) de la Junta de Castilla y León.

Parece que el destino se ha conjurado para que no pueda quitármelo de la cabeza. Y no se trata de una exageración. Pondré para demostrarlo un par de ejemplos de esa obsesión, de los numerosos que podría relatar: se me ocurrió llevar a mis hijos a un colegio público, al García Quintana por más señas (¡que dos alcaldes más diferentes!), y al poco tiempo llenaron la terraza de un edificio próximo de antenas de telefonía con el consentimiento del ayuntamiento presidido por don Javier. Y qué va a hacer uno: pues bronca al canto hasta que conseguimos quitar las antenas, lástima que para algún niño fue ya demasiado tarde. Por otro lado, servidor vive en el casco histórico de Valladolid (sí, los socialistas también podemos vivir en el centro) por eso, entre otras cosas, de utilizar el coche lo menos posible y de poder pasear con tranquilidad entre los monumentos de mi ciudad. Pues a León de la Riva se le antojó construir un aparcamiento subterráneo junto al lugar donde vivo ‑con lo cual se ha generado más tráfico en la zona-. Además, cuando se procedió a excavar el aparcamiento se cargaron, sin más miramientos, unos importantes vestigios arqueológicos. Ésa vez, como casi siempre, me toco perder pero no sin haberme resistido numantinamente.

Como comprenderán estoy hasta más arriba de la coronilla de este personaje y, por ello deseo con todas mis fuerzas que en las próximas elecciones entregue el bastón de mando a Óscar Puente. Para que eso se produzca no regateo esfuerzos: milito en un partido adversario al de don Javier, apoyo las campañas de ecologistas, vecinos e incluso, en mi desesperación, de otros partidos de izquierda con el propósito de que el cambio en el Ayuntamiento se produzca cuanto antes.

Ya se que hay muchas razones para desear que León de la Riva deje la alcaldía (pregunten en el Grupo Municipal Socialista del Ayuntamiento de Valladolid, allí les darán una buena lista), pero yo les voy a proporcionar una más: háganlo por mí, no se si podré soportar a ese hombre por mucho más tiempo (últimamente se me aparece en sueños con ese tremenda barriga que gasta y vestido con el delantal de la Feria de Día).

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