Este primer jueves de diciembre se celebraron varios actos en Valladolid a los que me hubiera gustado acudir, pero la coincidencia de horarios, añadido a que uno no domina aún la capacidad de la bilocación, me obligó a seleccionar algunos de entre la oferta. Pero sólo tuve oportunidad de disfrutar enteramente de uno de ellos y parcialmente de otro. Éste último fue la presentación del libro de memorias del militante comunista y millonario Teodulfo Lagunero en el Paraninfo de la Universidad de Valladolid. El Colectivo contra el Olvido había organizado la presentación de ese texto con la presencia del autor, el poeta Marcos Ana y de Tomás Rodríguez Bolaños. La lectura de las memorias tanto de Marcos Ana como de Lagunero (Tomás aún no ha querido escribir las suyas) me habían impactado tanto que para mí era una obligación acudir a testimoniar mi admiración a esos luchadores por la libertad y, además, personas excepcionales. Desgraciadamente, Marcos Ana no pudo venir a Valladolid debido a una indisposición, pero a pesar de tan significativa ausencia, una emoción colectiva, que emanaba de los presentes, llenaba el Paraninfo.
Por esa maldita coincidencia de horarios tuve que marcharme de la Universidad antes del final del acto para acudir a otra cita, en esta ocasión en el Ateneo Republicano de Valladolid, donde se presentaba otro libro, una pequeña joya absolutamente recomendable, titulada “36-39” . El mismo está formado por pequeños textos dedicados a la Guerra Civil y al exilio, acompañados por sobrecogedoras fotografías de la época. El libro, magníficamente editado, incluye un CD con las letras del libro interpretadas en distintos palos del flamenco. El acto en el Ateneo fue una acertada mezcla de lectura de textos de Gaztea Ruiz, el autor de las letras, y del cante de las mismas por su hermano Íñigo, acompañado magistralmente por un guitarrista cuyo nombre, perdón, no recuerdo ahora. Fue una sesión inolvidable que se completó, como no podía ser de otra manera, con un sarao flamenco en un restaurante. Difícil de describir el momento en el que Íñigo Ruiz cantaba aquello de "Triana Triana / que bonita esta Triana / cuando le ponen ar puente / banderas republicanas". Lástima que al día siguiente había que trabajar, si no aquello hubiera finalizado quién sabe cuándo.
En definitiva, el jueves se pudo disfrutar en Valladolid de dos magníficas actividades que, como otras de no menos interés, han sido organizadas por asociaciones que tratan de superar la atonía cultural que se vive en esta ciudad. Porque aquí resistir es vencer.



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